Esta es Deinococcus Radiodurans, nuestra simpática mascota. En caso de una guerra termonuclear total ella sería la única superviviente, y sería su triste cometido repoblar el planeta.
Dejale algún mensaje de amor y cariño.
I want to believe
Logo oficial de la plataforma "I want to believe", cuyo objetivo es ayudar a los becarios y estudiantes de doctorando dándoles apoyo moral de todo tipo. Sí, amigos, hay luz al final del tunel, y no siempre se trata del tren que viene a arrollarnos.
Acertijo Papelera
Él empezó negociando con los Pawnee, y su amigo tuvo una vez una flecha tres años clavada en la espalda, hasta que se la quitaron sin anestesia. Sin embargo, hacia 1843, juntos, y sin ellos saberlo, faltaría más, hicieron algo que ayudó a configurar el actual mapa de su joven país. ¿Qué fue lo que hicieron, y a qué favoreció? Pincha aquí.
¿Alguna vez os ocurre que cuándo un determinado día no habéis aprendido nada nuevo, ni leido algún libro o encontrado una nueva palabra que no conocíais, os entra un sudor frío, un tremendo nerviosismo, y ya dejáis de ser felices o no podéis dormir? Pues a mí, constantemente.
Sí, soy infeliz cuando no aprendo nada nuevo, cuando diem perdidit. El caso es que se podría decir que mi inclinación es una enfermedad mental, o al menos una preocupante anormalidad, ya que no es demasiado compatible con la vida moderna en la que se espera que uno aprenda sólo aquello que resulte de directa utilidad para el trabajo que haga. Incluso en un campo como la física, uno ve frecuentemente que se considera negativa la actitud de aprender más de lo necesario para resolver los problemas que son de tu directa utilidad. Según esta actitud pragmática de la investigación científica, cualquier cosa que aprendas más allá de lo directamente útil para tu tarea te restará tiempo de investigación, y te impedirá obtener el número deseado de resultados. Por todo esto me veo obligado a aceptar que mis inclinaciones diletantes son más un problema que una virtud, y me atrevería a darles un nombre provisional: noopatía o noomanía, según cuál le guste a cada uno.
Ahora que lo pienso, la principal razón por la que fui infeliz durante mis años como becario antes de obtener el grado de doctor, y con ello cierta libertad intelectual relativa, fue la falta de tiempo para leer nada que no estuviera relacionado con el trabajo. Ya sé que a muchos les parecerá tremendamente interesante dedicarse en cuerpo y alma a la física, pero cuando hay demasiado trabajo y muchas prisas y presiones alrededor de él, os aseguro que se transforma en una actividad tan anodina y asfixiante como cualquier otra. Entonces es cuando te das cuenta que te falta lo más necesario para vivir: el conocimiento, la cultura, la filosofía, y todas esas cosas que subyugan a nuestra pobre cabecita. Por la física entonces sientes el mismo interés que Spinoza por el tallado de lentes: es tan sólo un vulgar medio para subsistir que te ahoga por el tiempo que te quita.
Así que he aquí mi problema: la vida de un diletante adicto e infeliz en un mundo de profesionales y la nueva moral pragmética. Hay muchos aspectos sobre mi nooadicción que no he comentado, como el conflicto que se genera con la vida social, pero tal vez de eso hablemos en una futura historia. Sospecho que no soy el único, así que sentíos libres de pasar y comentar vuestro caso si queréis.
¶
Te entiendo perfectamente. Mi variante es que me siento muy mal si un día de investigación no me deja satisfecho (por ejemplo cuando he procastinado demasiado). En cambio, a la gente con "trabajos de verdad", le pasa al contrario... alardean incluso: "hoy no he hecho nada en las 8 horas" :-)
Incluso a veces me siento culpable por no dedicarme 100% a investigar... pienso que un "verdadero" investigador solo piensa en sus hipótesis, experimentos, etcétera.
No sé cuándo ni como, entre segundo y tercero de física, aprendí a superar todo esto, y para ejemplo valga este mismo fin de semana: desde el sábado por la mañana hasta el momento que me ocupa ahora no he hecho nada relacionado con mi "trabajo". Creo que dedicarme a él de lunes a viernes de 9 de la mañana a 9 de la noche es más que suficiente para que luzca y me sienta satisfecho. Este fin de semana he jugado mucho al Mario64 y he empezado a aprender algo de python, además de ver tres episodios de The Next Generation, además de ir con Becario-E y con Greibach al Salón Internacional del Comic de aquí de Granada (que malos son jugando al Mario Kart de la GameCube).
Mucha gente pensará que este fin de semana ha sido totalmente perdido, y yo a veces tengo arrebatos con pensamientos similares. Pero no, me rebelo ante eso. No quiera esto decir que no se pueda trabajar en fin de semana, si hay necesidad pues habrá que hacerlo, pero no ha de ser una necesidad de la persona, sino una necesidad del trabajo, (e.g. hay que acabar tal artículo o mandar a tal congreso), ¡cuidado!, hay que saber decidir cuándo se trata de una cosa o la otra. No se vive para trabajar, se trabaja para vivir; y si encima tienes la suerte de dedicarte a algo como la ciencia, con la carga de altruismo para con la humanidad y de vocación que posee, encima no vayas a convertirla en tu fuente de ansiedad.
Ni tengo ninguna enfermedad rara del coco ni tampoco adicción al trabajo (de hecho evito en lo posible trabajar por las tardes o los fines de semana). Si se parece a alguna otra adicción, es a la adicción a los videojuegos. ¡Es una adicción por aprender! ¡Es distinto! Es como cuando estaba en Cracovia y tenía dejar de lado la física a pesar de mi deber profesional para leer a mi querido Wittgenstein. De hecho creo que me apetece repasar un poco mi pobre alemán dentro de un rato... si al menos mis esfuerzos pudiesen centrarse en un cuerpo de doctrinas limitado, me aprovecharía mucho más.
Lo de Mario Kart ha sido una fluctuación estadística inexplicable. Espero la revancha con impaciencia.